Mujeres contra el mar

    • +16 ANYS
    • 27.03.2020

    El frío del agua le entumecía las piernas, y el salitre se le mezclaba con el sudor, que sobrepasaba las cejas para ir invadiendo furtivamente las cuencas de los ojos. El golpeo furioso del mar, incesante y desacompasado, empezó a marearla, a perturbarle la brújula interna que le hacía mantener la mirada fija en la roca y, a su vez, le impedía dar la espalda al mar. De repente, una ola, la lengua de ese monstruo que traga y escupe, la hizo tambalearse y rotar medio cuerpo, arqueando la espalda hacia atrás. Cuando ya su mirada solo se dirigía al cielo, atemorizada por su caída, notó un fuerte agarrón en el antebrazo que le devolvió el equilibrio y el sentido. Esas manos fuertes que la sustentaban no solamente eran los brazos de dos compañeras, eran, también, la red de la solidaridad entre percebeiras.

    Petrache

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