Durante más de 700 años, el conjunto de las Reales Atarazanas de Barcelona ha tenido diferentes usos, mayormente en la órbita militar, ya sea como arsenal de galeras o como maestranza de artillería. Actualmente son un equipamiento cultural al servicio de la cultura marítima.
Las Reales Atarazanas se concibieron como un arsenal de galeras, es decir, como un espacio de construcción naval, de reparación y mantenimiento, y también de servicio para la flota de guerra de la Corona de Aragón. En este lugar se construían galeras, pero también hibernaban y se almacenaban aparejos, aperos de pescar, armas, víveres, etc. Este primer uso explica la estructura arquitectónica del conjunto, a pesar de que, desde el punto de vista estético, para nosotros tenga un valor añadido.
El uso de las Reales Atarazanas como arsenal se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XVIII y oficialmente en 1745 dejó de tener una función relacionada con la marina. A partir de ese momento pasó a ser un edificio del ejército, aunque antes ya había habido presencia militar no naval bajo sus arcadas. Desde 1802 hasta 1935 el conjunto se utilizó principalmente como maestranza y, después, como parque de artillería. En él se almacenaban y se reparaban cañones, armones, carros, etc.
Aunque había proyectos para derruir el conjunto con el fin de abrir una calle que uniera el Eixample con el puerto (Plan Cerdà de 1859, Plan Baixeras de 1889), una campaña iniciada en 1927 por Carreras Candi y el Centro Excursionista de Cataluña, y que contaba con el apoyo de los propios militares, impidió la destrucción de este monumento gótico. El conjunto, como otros espacios de uso militar, fue devuelto a la ciudad en 1929, aunque la maestranza aún tardó un tiempo en desalojar el edificio. En el verano de 1936, con el estallido de la guerra y aprovechando la evacuación total de los militares, se instaló en las Atarazanas el entonces recientemente creado Museo Marítimo de Cataluña, y desde entonces el viejo arsenal ha vuelto a ser un espacio dedicado a la cultura marítima.
Desde 1941 gran parte del conjunto se dedicó a albergar el Museo Marítimo de Barcelona, nombre con el que se bautizó el museo una vez inaugurado. A medida que el edificio se iba restaurando (durante la Guerra Civil sufrió algunos desperfectos), los espacios se dedicaban a la exposición permanente del museo o a servicios complementarios.
A partir de 1985 los arquitectos Esteve y Robert Terrades redactaron el Plan Director de Reforma y Restauración de las Atarazanas. Al mismo tiempo se redactó también un plan de usos que provocó un cambio en la filosofía del uso del conjunto arquitectónico. Aunque mantenía la función museística, se planteaba el uso integral del conjunto de las Atarazanas con el objetivo de que se convirtiera en un espacio al servicio de la cultura marítima y en un referente en el Mediterráneo.
Este plan, que se ha revisado y actualizado en función de los requisitos que se han ido planteando, se ha ejecutado parcialmente: se han realizado obras en las áreas tradicionalmente conocidas como edificio de Pedro IV, en la Sala Marqués de Comillas y, últimamente, en las Naves de la Generalitat. También se ha intervenido en la fachada marítima y en la llamada Lonja de San Cristóbal.
Las próximas intervenciones permitirán en muchos casos llevar a cabo, por primera vez, intervenciones arqueológicas que, sin duda, aportarán un mejor conocimiento sobre el pasado y sobre las funciones del edificio gótico. Paralelamente, continúan los esfuerzos para dar a conocer y revalorizar el edificio.
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Parque de Artillería en las Atarazanas de Barcelona

Naves de la Generalitat a principios del s. XX